Epitafio.

¿Alguna vez has sentido ese vacío en el pecho que se llenaba cuando veías a alguien?

¿Alguna vez has sentido que ese alguien ahora hace más profundo el vacío?

Que verle te deja tan desierta que no logras encontrar paz ni en el humo del cigarrillo, ni en las canciones más bellas del mundo. Que gritando en tu interior te estás ahogando y aunque te quedes sin voz no logras desprenderte del silencio.

¿Alguna vez has sentido que aunque la conexión estuvo tan latente, en un punto de la historia se quebró y quedó siendo un corto circuito sin ánimos de ser reparado?

Las sensaciones que construimos con el paso del tiempo nos han llevado por el camino, un camino que muchas veces no queremos transitar, pero que al final nos muestra la verdadera razón de cada desilusión. Y es que por desilusión llamamos a cualquier momento que no se rija bajo nuestra voluntad, esos meses de desesperación absoluta que nos absorbe, pero que al final nos transforma.

Un día cualquiera vas a ver las mañanas con un aura distinto, con un olor característico de alguien que ha tomado decisiones radicales y que a pesar de los daños que esto haya causado, está dispuesto a recoger sus pasos y echarse a andar bajo la luz de una nueva luna. Y entenderás que en medio del dolor y la soledad, sólo tienes una opción, quizá la que más duele, quizá la que más te costará aunque tengas ochenta y tu epitafio te persiga a cada momento, esa opción contra la que siempre has luchado y por la que han muerto miles y nos hemos perdido otros más.

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