¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Siempre que me siento a pensar sobre los sentimientos que me genera haber amado, empiezo por nombrar “dolor”, ¿por qué no empiezo hablando de felicidad? Porque, aunque inexplicable, es más fácil escribir de lo que nos duele. Cuando nos quedamos mirando el horizonte en medio de nuestra soledad, recordamos los momentos que nos colmaron de felicidad, y viajamos a esas noches de locura y deseo, de sexo y sensualidad; a esas tardes de complicidad y promesas, volvemos al momento en que la química nos invadía cada célula del cuerpo y nos dejaba en éxtasis, nos sentimos en esas mañanas de desayunos a base de proyecciones, esperanzas, miradas y sonrisas.

Cuando hablamos de amor, hablamos de expectativas creadas porque sí, porque somos humanos y siempre vamos a querer más de nosotros y de los demás; hablamos también de ausencias y despedidas, de finales no pedidos que nos han dejado sentados de frente al frío sin compasión alguna y en medio de la incertidumbre, nos encontramos en el espejo con los ojos llenos de llanto, con el corazón en la mano creyendo que mientras más dolor sintamos, más rápido se irá el sentimiento.

Pero antes de seguir hablando de lo que nos duele, debiéramos empezar por hablar acerca de la magnitud del “amor”.

Hablemos del riesgo que representa dejar entrar a alguien a tu vida, darle plena confianza y enseñarle hasta el mínimo detalle de ti; a pesar de ser conscientes que le damos poder a un perfecto desconocido de destruirnos desde dentro, esto no nos detiene, esto nos da un tanto de adrenalina un poco adictiva y empezamos el camino de conocer y conocernos, de llenarnos de paciencia y estar dispuestos al cambio que puede generar esa persona en nosotros.

Cuando hablamos de amor, hablamos de sentir en un abrazo toda la tranquilidad del mundo, hablamos de detener el tiempo en un beso y empezar a recorrer un camino que sin saber a donde nos lleva, esperamos que sea el destino.